Aparté su boca de la mia y me fui escaleras a bajo hasta el
cuarto de baño de las niñas.
No podía parar de sonreír pero en unos segundos toda esa
felicidad se convirtió en miedo. Esa sombra que tanto me asustaba apareció por
cuarta vez. No supe si era mi imaginación o si de verdad lo estaba viendo.
De repente esa sombra tomó forma humana y volvió a desvanecerse tras el lavabo.
Mi móvil comenzó a sonar: el número anotado en la nota de la
niña de la mañana me estaba llamando.
-¿Diga?- estaba aterrada.
-¡Cariño, cuánto me alegro de hablar contigo!
-Disculpe, ¿quién es?- no reconocía el número, ni tampoco la
voz.
-¿Es que no te acuerdas de mí? Nos vimos por última vez
cuando eras una niña. Tu madre me separó de ti. Me llamo Terry Maguire, soy tu
padre.
Me quedé sin palabras, ¡era imposible!
-Perdone pero se habrá equivocado, mi padre se llama John- y
colgué.
¿Mi padre?
El timbre volvió a sonar, y todavía quedaban 2 horas hasta
acabar.
Pensé que al ser la nueva algún listillo se querría reír de
mí gastándome una broma pesada, pero no lo conseguiría.
Tenía hora libre y estuve merodeando por los pasillos en
busca de compañía.
Me llegué hasta la biblioteca buscando algún empollón que
pudiera ayudarme con unos ejercicios de Economía.
Encontré a una recepcionista sentada en una silla gris y
apoyada sobre el escritorio pintándose las uñas de color rojo.
-Perdone, ¿me podría indicar dónde está la biblioteca?-
tenía pinta de no ayudarme mucho, pero aún así le insistí.
Masticaba chicle de menta con la boca abierta y tenía acento
argentino.
-Al fondo a la derecha- dijo sin levantar la mirada de las
uñas-
-Gracias…
Cuando iba a salir de la recepción escuché una noticia que
me impactó en la televisión que había situado encima de unos cajones a la
derecha del escritorio.
-Perdone, ¿pero le importaría subirle el volumen?
Salían las imágenes de un accidente cerca del centro, dos
coches habían chocado y uno de ellos había provocado que el otro vehiculo
girara bruscamente y se estampara contra una tienda de golosinas en la calle de
en frente.
Me dieron muchísima pena.
Por un momento me imaginé qué habría hecho si ese niño y esa
mujer hubieran sido mi madre y mi hermano… ¡No podría vivir sin ellos!
Pero no quise pensar en eso. Tenía una familia maravillosa y
les quería muchísimo.
Quería aprovechar mi hora libre y seguí las direcciones de
la recepcionista para llegar a la biblioteca.
Antes de llegar a la puerta me crucé con Mark.
-Hey, ¿tienes hora libre o qué?- me preguntó Mark.
-Sí, voy a aprovechar para hacer un trabajo.
-Ah, pues te acompaño- cogió su mochila y, como un
caballero, me abrió la puerta.
Le miré y le sonreí, me supo devolver la sonrisa.
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