martes, 18 de diciembre de 2012

Capitulo 10

Volví esa tarde a la casa cansada y preocupada por el estado de Azahar. Desde que volvió del hospital se negó a pisar el Colegio y apenas salió de su habitación, únicamente para ir al baño.
Mi padre y yo nos teníamos que turnar las comidas para llevárselas a su cuarto. De lunes a viernes me tocaba hacerle el desayuno y la cena. El fin de semana la comida.
Su estado físico estaba casi por completo recuperado, pero su estado psicológico sería muy difícil de recuperar.
Esa noche del martes me tocaba a mí hacerle la cena.
Pensé que quizás algo de patatas fritas le subía el ánimo.
Mi padre no iba a volver esa noche por motivos de trabajo. Por suerte Azahar accedió a cenar con migo en el salón.
- Hermanito, sabes que puedes contar con migo para lo que quieres y... aunque mamá ya no esté... siempre estaré aquí, no voy a dejarte.
En ese momento los ojos de mi hermano se inundaron en lágrimas.
Dejó el plato en la mesa de un golpe y me abrazó como nunca antes lo había hecho.
Miré a mi alrededor y me dí cuenta de que la casa entera estaba llena de fotos de mi madre. De esta forma era difícil superar la pérdida.
- La echo de menos...
Nunca ví a mi hermano tan deprimido como lo estuvo en esos días que, poco a poco, se iban convirtiendo en semanas.
- Hagamos un trato: come durante el resto de la semana en la cocina con papá y con migo y a cambio el viernes por la tarde te llevaré a la bolera... o al parque de atracciones, como prefieras.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo.
No entendía cómo ese cuerpecillo tan diminuto podía aguantar tantas emociones sin un enfado o una pataleta.
Ni siquiera yo a su edad podía aguantar tantos sentimientos a la vez como él.
Mi hermanito se estaba haciendo mayor.

miércoles, 20 de junio de 2012

Capitulo 9


Pasé varios días en el Hospital por culpa de la bajada de tensión cuando me enteré de la noticia de mi madre.
13 de Enero: Me dan el alta y puedo irme a mi casa.
Quedé con Ángela esa tarde para hablar sobre varios temas.
- No me apetece estar en casa.
Cogí mi bolso, rellené mi cartera de dinero y nos dirigimos al parque situado detrás de mi casa.
El tiempo que duró el trayecto lo pasamos sin hablar, lo único que hacíamos era mirar a nuestro alrededor, como dos completas desconocidas.
Había dos niños pequeños jugueteando por los columpios cuando llegamos.
Nos sentamos en el banco más apartado.
- Ni siquiera puedo imaginarme cómo te debes de sentir en estos momentos.
Giró la cara y nuestras miradas se cruzaron por primera vez en toda la tarde.
- No quiero amargarme. Necesito salir adelante CON o SIN ella.
En ese momento Ángela me abrazó y supe que contaba con todo su apoyo.
- ¿Crees que volverás a verle?
Los niños que había se fueron cuesta abajo donde sus madres los esperaban con una bolsa de caramelos.
- Sí, pero no quiero darle muchas vueltas. Lo importante ahora es mi hermano y haré todo lo que haga falta para que sea feliz. Él no se merece esto. Debo de ser fuerte: por él, por mi padre y por mí misma.
Azahar también pasó varios días en el Hospital por el accidente.
- Tengo que contarte una cosa…- Ángela bajó la mirada y se sonrojó.
- ¡Sorpréndeme!- y le lancé una mirada furtiva.
- Me he estado viendo a escondidas con Fredik…
- ¡¿Qué, qué?!
La noticia me sobresaltó y Ángela rebotó en el banco del grito que dí.
- El día que fuimos a verte al Hospital lo ví tan solito que me puse a hablar con él y una cosa llegó a la otra…
- O sea, que es hetero, ¿no?
- ¿En serio pensabas que era gay?
- ¿Es que tú no? Porque tiene toda la pinta.
Durante una hora Ángela me estuvo contando sus hazañas con Fredik.
Desde que éramos enanas Ángela siempre era la ligona del grupo. Su lema era: “Si usas a un chico, es como si estuvieras usando a un juguete”.
En definitiva, Ángela es como una abeja; le gusta ir de flor en flor.
Pero tenía el presentimiento de que, si iba en serio con él, acabarían bien.
No se podía decir lo mismo entre Drake y yo…
Tenía que olvidarme de él y concentrarme en Azahar, que era lo importante.
- ¡Sam!¡Sam! ¿Me estás escuchando?
- Em… creo que no.
- Eres un caso tia.
- Siempre me lo dicen- y le dediqué una sonrisa picarona.
En pleno Otoño a las 18:30 de la tarde ya era de noche. Así que en cuanto comenzó a oscurecer nos fuimos cada una a su casa, con la esperanza de volver a repetir una tarde juntas.



martes, 12 de junio de 2012

Capítulo 8


Dejé que la puerta cerrada de la biblioteca se quedara atrás.
Con la mirada puesta en las baldosas me dirigí a la clase de la profesora Clearwather, que me daba lengua inglesa.
Por desgracia Lindsay compartía clase conmigo, pero después del accidente en el aparcamiento, ni siquiera se atrevió a mirarme.
Quería despejar un poco mi mente y lo mejor para eso era hacer ejercicios de Física: eran complicados y necesitaban el 100% de mi atención para realizarlos.
Casi sin darme cuenta hora y media se habían pasado en cinco minutos, siquiera escuché el timbre.
-Samantha, ¿te importaría quedarte? Tengo que hablar contigo-la profesora se dirigió a mí con cara triste.
-Profesora, siento no haber traído los ejercicios, ¡le prometo que mañana los traeré!...-no me dejó terminar la frase.
-No te quería hablar sobre eso…
La miré con mirada interrogatoria, no sabía qué esperarme. Lo único que esperaba era oír buenas noticias, pero la expresión de sus gestos me decían lo contrario.
-La Policía está fuera y quiere hablar contigo.
-¿La Policía?¿Conmigo?¿Por qué?¿Qué ha pasado?
-Por favor, no hagas esto más difícil. Yo no puedo decirte nada. Ellos te lo explicarán todo.
Eché a correr por todo el pasillo, recorriendo casi todo el instituto.
Cuando llegué al aparcamiento había un corrillo alrededor de los agentes de policía.
Entre empujones y codazos me abrí camino.
-Soy Samantha Smith, ¿me buscaban?
-Sí-dijo uno de los policías- Soy el agente Railly. Me gustaría hablar contigo en un ambiente con menos gente.
Me llevó hasta  las puertas del Colegio.
¿Qué pasa?-le pregunté, estaba muy alterada y nadie quiso decirme nada.
-¿Eres la hija de John Smith Gómez y Nikki Sue Mongómery?-no me gustó ese tono de voz con el que decía el nombre de mis padres.
-Sí, ¿qué pasa?-En ese momento me alteré muchísimo más.
-Tu madre…tu madre ha tenido un accidente esta mañana. Iba con un niño llamado Azahar. No hemos podido salvarla. Lo siento…

“Un día de verano Azahar y yo fuimos a la playa. Mis padres no estaban y nos quedamos a cargo de unos vecinos. Tenía 12 años, Azahar 4. Se me ocurrió que podríamos bañarnos cerca de unas rocas para poder observar un tipo de pez que crecía únicamente en esas playas. Fue una mala idea. La hija de los vecinos que nos cuidaban se quiso venir. Otra mala idea. Al ser yo la mayor tenía que cuidar de los dos. Íbamos en fila: yo primera, Azahar detrás y Clara la última. Resbalé. Me caí sobre unas rocas afiladas y rajé parte del brazo. Azahar se apartó y comenzó a gritar ayuda. Clara no sabía qué hacer, estaba muy alterada. Intentó ayudarme para que pudiera levantarme pero en ese momento una ola nos inundó por completo, aún estando en la superficie. Por suerte para mí tragué agua pero mi cuerpo se quedó  encima de  las rocas. Por desgracia para Clara su cabeza golpeó contra unas rocas que se encontraban detrás de ella arrancándole la vida. Con sólo 10 años. Desde ese momento dí gracias a Dios porque si mi hermano hubiera estado  en su lugar, no sé qué habría pasado.”

El aire me faltaba, no podía respirar.
-¡Niña, niña! ¡¿Estás bien?!
Me desmayé y caí al suelo.
Lo último que recuerdo fue la cara del agente y el cielo cubierto de nubes.
Desperté horas más tarde en una habitación azul con sábanas blancas. Lo más seguro es que fuera un hospital.
Tenía la boca adormecida, no podía pronunciar palabra.
Me costaba mucho abrir los ojos del todo, quizás por algún medicamento.
La habitación era fría y algo deprimente. Tenía un sillón marrón a la derecha de la cama y una ventana detrás de este que daba a la ciudad.
“Una ciudad preciosa”, pensé.
La enfermera entró por la puerta. La seguía un hombre, no le podía ver bien pero creo que era mi padre.
Se acercó a mí y se sentó al filo de la cama.
-Hola cielo, ¿cómo te encuentras?
Me costó reaccionar, me sentía aturdida y cansada.
-Cansada…
-Las enfermeras dicen que no has pegado ojo en toda la noche… Bueno, mañana te darán el alta y pasaré a recogerte. Ahora debo irme-se estaba levantando de la cama cuando me dio un beso en la frente.- Te quiero, descansa.
Apenas pude despedirme cuando empezaron a cerrarse mis ojos.
Todavía adormecida comencé a abrir los ojos poco a poco en busca de un reloj. Las 19:21. Era por la tarde, el sol todavía no se había ocultado.
Una enfermera nueva asomó la cabeza por la puerta.
-Ha venido alguien a verte.
En ese momento Angela pasó por la puerta y al lado de  ella estaba Fredik.
-Angy…¿Fredik? Pero qué, ¿os conocéis?- casi tartamudeaba.
Ángela comenzó a reírse y se puso roja.
-¡Que va Sam! Nos hemos encontrado en la sala de espera.
-Drake está fuera-dijo Fredik- Quiere verte.
-Dile  que pase-le intenté sonreír.
Ángela se estaba acomodando en la cama y sacó de su bolso una barrita de Kinder Bueno.
Le dio un beso al envoltorio y me lo regaló.
-Gracias.
-Eh, ¡no hay de qué! Pero a cambio me tienes que dar un bocadito.
Fredik salió de la habitación y Drake entró.
-¡Woaaw qué bellezón! ¿Quién es ese?- saltó Ángela- Soy Ángela: su mejor amiga, su hombro donde llorar y la chica que le ayuda a hacer la compra-le extendió la mano- Encantada.
Drake se rió pero le extendió la mano como un caballero.
-Soy Drake: su compañero de biología, guardaespaldas y…le traigo galletas.
Ángela le sonrió y le hizo una reverencia.
-En ese caso puede pasar, noble señor.
-Gracias señorita.
-Me iré para que podáis hablar. Estaré fuera por si necesitas algo, aunque creo que estarás en buenas manos- y le guiño un ojo a Drake.
“Será ligona”. Esta mujer tontearía hasta con un mono si tuviera los ojos verdes.
Drake cerró la puerta y dejó las galletas en la mesita que había al lado de la cama.
-¿Te importa que me siente?- y señaló la cama.
Negué con la cabeza. Su presencia me ponía nerviosa y de haberle hablado hubiera balbuceado como una tonta.
Drake se sentó en la cama e instantaneamente se agachó u me besó. Fue un beso rápido y cálido. En menos de dos segundos ya estaba otra vez incorporado.
-¿Cómo te encuentras?
-No es uno de mis mejores días- intenté decir mientras mi boca semejaba una sonrisa.
-Me voy unos días. Me tomaré unas vacaciones y estudiaré por mi cuenta.
El mundo se me volvió a hechar encima. Drake iba a dejarme, ¡No, ahora no! Lo necesitaba a mi lado, ahora más que nunca.
-No quiero que te vayas.
-Sé que estás mal, pero entiéndelo, yo también estoy mal: Sophie está aquí, Fredik no sabe nada y mis padres desvían la conversación cada vez que intentto hablar del tema.
No sabía qué decirle exactamente.
-¿Qué días te vas?
-Mañana. Vengo para despedirme.
Se agachó, me dio un beso y desapareció por la puerta.









jueves, 7 de junio de 2012

Capítulo 7


Mark y yo nos sentamos en la mesa más apartada de toda la Biblioteca porque me dijo que quería hablar con migo sobre Drake.
-¿Y tú, qué haces aquí?- le pregunté mientras me acomodaba en la dura silla de metal.
-Se supone que tengo Gimnasia pero ayer me torcí el tobillo jugando y el entrenador me ha prohibido hacer esfuerzo.
Me entró hipo y no me atreví a contestar.
Mark sacó sus libros de Historia mientras yo me levantaba para coger unos libros.
Rebusqué varias estanterías buscando un libro sobre la historia de los Dioses.
Había varios libros con distintos tipos de nombres de Dioses: Zeus, Poseidón, Hades, Hércules, Afrodita… Elegí Hades.
Siempre había pensado que Hades era el peor dios de todos, lleno de ira y rabia. Pero no era así:
“Hades, hermano de Zeus y Poseidón, Dios del Inframundo.
  Cuando estos tres hermanos llegaron al Olimpo fascinados por las maravillas que
  este y sus habitantes les ofrecían tuvieron que repartirse las zonas de la Tierra: Zeus, Dios del cielo; Poseidón, Dios del Mar y Hades, Dios del Inframundo”.

Siempre pensé que Hades fue desterrado por Zeus, y por eso este albergaba tanto odio hacia él.
Cuando volví a la mesa, con el libro en la mano, me dí cuenta de que Mark no estaba. Sus cosas seguían allí, intactas.
Me senté en la silla a esperar, aproveché y seguí leyendo:
   “Hades, Dios del Inframundo, secuestró a una mortal a la que conoció en la tierra.
   Se enamoró de ella perdidamente y la llevó al inframundo para que `pasara con él
   Toda la eternidad”.
¡Qué cruel! Secuestrar a alguien por amor aunque este no sea correspondido.
Y cuando me puse a pensar en aquella maldad, Mark volvió.
-¿Dónde estabas?- le pregunté.
Me fijé en que traía una lata de Coca-Cola y una barrita de kit kat.
-He ido a la máquina de la entrada a pillar algo para comer- y le metió un bocado al kit kat- tengo hambre.
-¿Por qué no me has avisado?- le pregunté-Habría ido contigo.
-Te ví tan concentrada que no quería molestarte.
Y nos reímos juntos.
-¿Has encontrado lo que buscabas?- me señaló el libro con la cabeza.
-Sí…-le dije con una sonrisa.
Por un momento volví a recordar la llamada del baño y la noticia del tráfico.
Ladeé la cabeza para que esos pensamientos desocuparan mi mente.
-¿Estás bien?-me dijo Mark mientras que colocaba su mano encima de mi hombro.
-Sí, solamente estoy algo cansada.
Pasado un rato sonó el timbre y nuestra hora libre acabó-
-Tengo que irme al otro lado del insti, a Inglés. ¿Nos vemos luego?-mientras que me preguntaba estaba guardando mis libros en la mochila.
-Vale- le sonreí.
Quería registrarle las llamadas realizadas de las personas conocidas dentro del instituto por si alguna coincidía con mi número a la misma hora.
-Eh Mark, ¿me prestas tu móvil?-Puse ojos de cachorrito.
-¡Claro!-lo sacó del bolsillo de su pantalón.
Menú; llamadas realizadas… Ninguna coincidía con mi número. Disimulé un poco e hice como si estuviera llamando a mi madre.
-No me lo coge, pero gracias.



martes, 29 de mayo de 2012

Capítulo 6


Aparté su boca de la mia y me fui escaleras a bajo hasta el cuarto de baño de las niñas.
No podía parar de sonreír pero en unos segundos toda esa felicidad se convirtió en miedo. Esa sombra que tanto me asustaba apareció por cuarta vez. No supe si era mi imaginación o si de verdad lo estaba viendo.
De repente esa sombra tomó forma humana y  volvió a desvanecerse tras el lavabo.
Mi móvil comenzó a sonar: el número anotado en la nota de la niña de la mañana me estaba llamando.
-¿Diga?- estaba aterrada.
-¡Cariño, cuánto me alegro de hablar contigo!
-Disculpe, ¿quién es?- no reconocía el número, ni tampoco la voz.
-¿Es que no te acuerdas de mí? Nos vimos por última vez cuando eras una niña. Tu madre me separó de ti. Me llamo Terry Maguire, soy tu padre.
Me quedé sin palabras, ¡era imposible!
-Perdone pero se habrá equivocado, mi padre se llama John- y colgué.
¿Mi padre?
El timbre volvió a sonar, y todavía quedaban 2 horas hasta acabar.
Pensé que al ser la nueva algún listillo se querría reír de mí gastándome una broma pesada, pero no lo conseguiría.
Tenía hora libre y estuve merodeando por los pasillos en busca de compañía.
Me llegué hasta la biblioteca buscando algún empollón que pudiera ayudarme con unos ejercicios de Economía.
Encontré a una recepcionista sentada en una silla gris y apoyada sobre el escritorio pintándose las uñas de color rojo.
-Perdone, ¿me podría indicar dónde está la biblioteca?- tenía pinta de no ayudarme mucho, pero aún así le insistí.
Masticaba chicle de menta con la boca abierta y tenía acento argentino.
-Al fondo a la derecha- dijo sin levantar la mirada de las uñas-
-Gracias…
Cuando iba a salir de la recepción escuché una noticia que me impactó en la televisión que había situado encima de unos cajones a la derecha del escritorio.
-Perdone, ¿pero le importaría subirle el volumen?
Salían las imágenes de un accidente cerca del centro, dos coches habían chocado y uno de ellos había provocado que el otro vehiculo girara bruscamente y se estampara contra una tienda de golosinas en la calle de en frente.
 -Hola, soy Emily Carter y estamos en directo donde dos coches se han estrellado por causas desconocidas. Uno de los pilotos está gratamente herido. En otro de los vehículos viajaban una mujer y un niño. La mujer ha fallecido pero el niño está herido. La policía está intentando encontrar a los familiares.
Me dieron muchísima pena.
Por un momento me imaginé qué habría hecho si ese niño y esa mujer hubieran sido mi madre y mi hermano… ¡No podría vivir sin ellos!
Pero no quise pensar en eso. Tenía una familia maravillosa y les quería muchísimo.
Quería aprovechar mi hora libre y seguí las direcciones de la recepcionista para llegar a la biblioteca.
Antes de llegar a la puerta me crucé con Mark.
-Hey, ¿tienes hora libre o qué?- me preguntó Mark.
-Sí, voy a aprovechar para hacer un trabajo.
-Ah, pues te acompaño- cogió su mochila y, como un caballero, me abrió la puerta.
Le miré y le sonreí, me supo devolver la sonrisa.


martes, 22 de mayo de 2012

Capitulo 5


-¡Samantha! ¿Se ha quedado dormida en mi clase?
El Señor Conner me estaba observando desde su mesa mientras que todos los demás se reían de mí, incluido Fredik.
Me quedé dormida: el beso con Drake... ¡no era cierto! Había fantaseado muchas veces con ese momento… ¡El trabajo!
-¡Señorita Samantha Smith, ha tenido una hora para hacer el trabajo con su compañero!, ¿lo ha hecho?- el trabajo era lo único que no me había imaginado.
Pero… ¿en qué momento de la clase me quede dormida? Ah sí, recuerdo que Fredik me estaba contando algo de Marruecos y... ¡No! Me dormí cuando Fredik empezó a contarme el viaje que tenía planificado Drake para hacer a Marruecos.
-Se lo repetiré, ¡¿Ha aprovechado esta hora señorita Smith?!
Nadie me había llamado hasta ahora Smith.
-Ehm… si, he aprovechado la hora.
El Señor Conner me miró con cara de pocos amigos, pero por suerte para mí sonó el timbre: por fin había acabado la clase de Biología.
-¡Quiero su trabajo el lunes por la mañana sobre mi mesa!
Su mirada de asesino daba terror, pero en el fondo era un buen profesor.
Al bajar las escaleras casi me tropiezo con un envoltorio de una golosina o alguna galleta de chocolate tirado en el suelo.
-Prueba superada- Drake salió de uno de los pasillos a mi derecha.
-¿Has sido tú el que ha puesto ese papel ahí?- le miré con cara de pocos amigos.
-Por desgracia no, pero me hubiera gustado ver que habría pasado si lo hubieses pisado.
La broma de Drake me hizo gracia por un instante, hasta que me vino a la cabeza mi sueño con él: ese beso tan apasionado.
-¿Sabes? Me he quedado dormida en la clase del Señor Conner y he soñado con… - ¡No podía decírselo! ¿Qué le iba a decir? “oye Drake me he quedado dormida y he fantaseado con que me besabas en mitad del pasillo. No podía decirle nada del sueño.
Drake me miró con picardía y curiosidad.
-¿Con qué?- se le notaba en los ojos que se moría de ganas de saberlo.
Me despisté dos segundos pensando en la excusa perfecta cuando me encontré con el mismo papel de antes y caí al suelo, por suerte Drake me cogió y me arropó en sus brazos antes de que me fuera rodando escaleras abajo.
-Contigo- ¡oh mierda!
Drake soltó una carcajada y se acercó a mí para susurrarme.
-¿Ah sí? ¿Y qué pasaba en tu “super” sueño con el “gran Drake”?- me hizo mucha gracia lo de el “gran Drake”, pero dejé que su imaginación pasara por mí también.
Drake se acercó otra vez, se lo intenté impedir levantando una mano y estampándola contra su pecho, pero no dio resultado. Drake usó mi mano para que me acercara más a él mientras yo seguía entre sus brazos.
-Ocurría exactamente lo mismo que está ocurriendo ahora.
Le besé, Drake me devolvió el beso. Volví a sentir el mismo calor inexplicable que sentí en el sueño, pero esta vez, era de verdad.

martes, 15 de mayo de 2012

Capítulo 4


La camarera se fue y nos quedamos unos segundos mirándonos. Intentaba desviarle la mirada pero él seguía mirándome.
- Estás guapísima- soltó una gran carcajada.
El móvil comenzó a sonarme. Era mi madre.
- ¡Samantha, tu hermano se ha caído por las escaleras y lo vamos a llevar al hospital, porque tiene una brecha en la cabeza!- me dijo angustiada por la noticia.
- ¡Voy enseguida!- colgué.
- Oye Drake, lo siento pero mi hermano ha tenido un accidente ¿comemos otro día, vale?- le dí un beso en la mejilla y me fui corriendo.
Drake se quedó con ganas de despedirse pero no le di oportunidad.
Al salir del restaurante me fui corriendo hacia el MINI, tarde unos segundos en encontrar las llaves de este, pero al final las encontré.
Cuando entré volví a llamar a mi madre pero no me lo cogió. Conduje hasta el hospital más cercano de la casa. Entré corriendo y me encontré a mi madre en la sala de espera.
-Azahar está dentro con el médico, le está cosiendo la brecha.- me dijo angustiada.
Me calmé porque no parecía nada grave y me acordé del pobre Drake que seguramente habría llamado a Lindsay para que comiera con él y no quedarse solo por mi plantón.
Me senté en los asientos azules de la sala, cuando recibí un mensaje de Drake:
 ¿Cómo está tu hermano? Me he comido tu parte de pizza J
Me hizo gracia la segunda frase y le contesté que estaba bien, que no se preocupara.
Esa noche no pude dormir y me acerqué al cuarto de Azahar a ver cómo estaba.
- Azhi, ¿estas despierto?- me limité a susurrar.
- ¿Te puedes quedar un rato conmigo?, me duele la cabeza.
Me dio pena por unos instantes, (era mi hermano pequeño y lo quería con locura).
- Claro, para que te crees que estoy aparte de para hacerte llorar, ¿eh?- y soltamos una pequeña carcajada a la vez.
Estuvimos contándonos historias y me contó anécdotas de su nueva clase: que la profesora de Cono estaba loca, que una niñas le había mandado una carta preguntándole que si quería salir con él, y que le habían puesto un trabajo de Lengua sobre un famoso escritor. Al cabo de media hora me quedé dormida y él sobre mi regazo.
Intenté no despertarle la mañana siguiente, porque debía de ir al instituto.
Al llegar Lindsay me vio y se acercó a mí para hablarme. Mientras se acercaba me rayó la parte trasera del coche con una llave.
-¡Oye, no te quiero volver a ver con mi novio, entendido!- me amenazó.
-¿De qué me estas hablando?
- No me vaciles que puedes acabar con un moratón en la cara, ándate con cuidado.
Lindsay se estaba acercando a mí y preparándose para pegarme un puñetazo, pero en el momento que fue a levantar el puño para atizarme Drake le cogió la mano desde arriba y se la bajo con brusquedad. Hubo unos segundos de silencio hasta que Drake lo rompió.
- No te atrevas a tocarla.
Lindsay se libró del puño de Drake bruscamente y clavó su mirada en mí
-Ten cuidado, él no estará siempre para protegerte.
En ese momento una rabia se apoderó de mí y sin control alguno, mi puño izquierdo le atizó un puñetazo.
Lindsay se llevó la mano a la cara. Drake se quedó mirándola alucinado.
-No vuelvas a amenazarme,¿Está claro?-la miré con odio y me fui.
Lindsay se marchó a la enfermaría para pedir una bolsa de plástico con hielo. Drake me siguió y me admiró por lo que acababa de hacer.
-Y yo que pensaba que tú eras una niña buena- y soltó una carcajada.
Me puse roja y él lo notó.
-Gracias por defenderme. Sino hubiera sido por ti estaría en enfermería con un buen morado en la cara.
Al entrar en clase de Biología me senté con Fredik. Lo noté algo preocupado pero no tuve valor para peguntarle por qué. De repente se me hizo un nudo en el estómago cuando entró Sophie, la hermana de Drake, por la puerta de la clase.
Entró por casualidad fingiendo querer hablar con el profesor de ciencias. Cuando se dio cuenta de que se había equivocado de clase se marchó.
-¿La conoces?- le pregunté a Fredik hablando por lo bajo.
-Su cara me suena, pero no sé de qué.
Me mordí la lengua y me calle para que Fredik no sospechara nada. Le prometí a Drake que guardaría el secreto, y asía hice, o al menos eso creía yo.
El señor Corner nos obligó ha hacer un trabajo sobre nuestro futuro: pensamientos, ilusiones, planificaciones futuras…
-¿Sabes lo que quiero hacer?- exclamó Fredik.
Le miré con interés y muy atenta a lo que decía.
-Construir mi propia universidad. Se llamará “University of Chemistry”.
-¿La Universidad de Química?- Solté una gran carcajada que hasta el Señor Conner la oyó y me miró fijamente con una mirada que hubiese odiado de cualquier otra persona.
-Sí, era nuestro sueño desde éramos chicos. La idea fue de Drake pero maduró y se le ocurrió la idea de irse a Marruecos.
-¿Marruecos?, ¿Para qué?- me preocupaba la idea de que Drake se fuera, no quería perderle ahora empezaba a sentirme realmente atraída por é. y más después de haberme defendido de aquella forma.
-Si, para seguir el curso allí. Quiere estudiar Economía y tiene muchas posibilidades como empresario.
¡No!, Drake no podía irse, ahora no…
El timbre sonó y el Señor Conner dio por finalizada la clase.
Cogí mis libros y me percate de que Mark, el mejor amigo de Drake, estaba detrás de mí, señalándome la puerta.
-Drake te está esperando.
Miré hacia la puerta y lo vi allí, de pie con sus Ray Ban negras con los filos plateados en la cabeza.
Estaba muy nerviosaza, ¿qué querrá de mí? Cada día tiene más sorpresas. El timbre volvió a sonar anunciando un recreo. La gente fue al aparcamiento y a la biblioteca; por unos momentos nos quedamos solos en el pasillo.
Drake me acorraló, obligándome a estar contra la puerta de la clase del Señor Conner.
-¿A qué has venido?- su boca semejó una media sonrisa, y no se desvaneció.
Se acercó a mi oído, susurrándome suavemente y con eso aroma tan cálido el porqué de esa visita.
-Vine a ver a mi hermano.
-Drake, el sarcasmo nunca fue tu fuerte.
Soltó una carcajada y cuando me quise dar cuenta su cara estaba a pocos centímetros de la mía, y sus ojos me producían un calor inexplicable.
Intenté desviarle la mirada, pero, me arrepentí al instante: esa sombra que tanto me perseguí apareció tras Drake y se desvaneció tras las taquillas.
-Drake no lo intentes…-Drake se acercaba más y más, hasta que sentí su aliento abrasador y sus labios rozaron los míos.
-No lo intento, tú haces que esto sea lo que tú quieras.
-Yo no quiero esto…- mentí, sí que lo quería.
-Sí quieres que pare…solo tienes que decírmelo.
Quise gritarle que me besara.¡Bésame, bésame! Lo hizo. Tenía los labios suaves y cálidos. Su boca sabía a manzana. Recordé que me había tomado un chicle de fresa sin que se diera cuenta al guardar los libros.
Su lengua jugueteó y se revolvió un poco con la mía, pero quise parar y le aparte la cara.
-Samantha…
-Samantha…