Volví esa tarde a la casa cansada y preocupada por el estado de Azahar. Desde que volvió del hospital se negó a pisar el Colegio y apenas salió de su habitación, únicamente para ir al baño.
Mi padre y yo nos teníamos que turnar las comidas para llevárselas a su cuarto. De lunes a viernes me tocaba hacerle el desayuno y la cena. El fin de semana la comida.
Su estado físico estaba casi por completo recuperado, pero su estado psicológico sería muy difícil de recuperar.
Esa noche del martes me tocaba a mí hacerle la cena.
Pensé que quizás algo de patatas fritas le subía el ánimo.
Mi padre no iba a volver esa noche por motivos de trabajo. Por suerte Azahar accedió a cenar con migo en el salón.
- Hermanito, sabes que puedes contar con migo para lo que quieres y... aunque mamá ya no esté... siempre estaré aquí, no voy a dejarte.
En ese momento los ojos de mi hermano se inundaron en lágrimas.
Dejó el plato en la mesa de un golpe y me abrazó como nunca antes lo había hecho.
Miré a mi alrededor y me dí cuenta de que la casa entera estaba llena de fotos de mi madre. De esta forma era difícil superar la pérdida.
- La echo de menos...
Nunca ví a mi hermano tan deprimido como lo estuvo en esos días que, poco a poco, se iban convirtiendo en semanas.
- Hagamos un trato: come durante el resto de la semana en la cocina con papá y con migo y a cambio el viernes por la tarde te llevaré a la bolera... o al parque de atracciones, como prefieras.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo.
No entendía cómo ese cuerpecillo tan diminuto podía aguantar tantas emociones sin un enfado o una pataleta.
Ni siquiera yo a su edad podía aguantar tantos sentimientos a la vez como él.
Mi hermanito se estaba haciendo mayor.
Recuerdos !
martes, 18 de diciembre de 2012
miércoles, 20 de junio de 2012
Capitulo 9
Pasé varios días en el Hospital por culpa de la bajada de
tensión cuando me enteré de la noticia de mi madre.
13 de Enero: Me dan el alta y puedo irme a mi casa.
Quedé con Ángela esa tarde para hablar sobre varios temas.
- No me apetece estar en casa.
Cogí mi bolso, rellené mi cartera de dinero y nos dirigimos
al parque situado detrás de mi casa.
El tiempo que duró el trayecto lo pasamos sin hablar, lo único
que hacíamos era mirar a nuestro alrededor, como dos completas desconocidas.
Había dos niños pequeños jugueteando por los columpios
cuando llegamos.
Nos sentamos en el banco más apartado.
- Ni siquiera puedo imaginarme cómo te debes de sentir en
estos momentos.
Giró la cara y nuestras miradas se cruzaron por primera vez
en toda la tarde.
- No quiero amargarme. Necesito salir adelante CON o SIN
ella.
En ese momento Ángela me abrazó y supe que contaba con todo
su apoyo.
- ¿Crees que volverás a verle?
Los niños que había se fueron cuesta abajo donde sus madres
los esperaban con una bolsa de caramelos.
- Sí, pero no quiero darle muchas vueltas. Lo importante
ahora es mi hermano y haré todo lo que haga falta para que sea feliz. Él no se
merece esto. Debo de ser fuerte: por él, por mi padre y por mí misma.
Azahar también pasó varios días en el Hospital por el
accidente.
- Tengo que contarte una cosa…- Ángela bajó la mirada y se sonrojó.
- ¡Sorpréndeme!- y le lancé una mirada furtiva.
- Me he estado viendo a escondidas con Fredik…
- ¡¿Qué, qué?!
La noticia me sobresaltó y Ángela rebotó en el banco del
grito que dí.
- El día que fuimos a verte al Hospital lo ví tan solito que
me puse a hablar con él y una cosa llegó a la otra…
- O sea, que es hetero, ¿no?
- ¿En serio pensabas que era gay?
- ¿Es que tú no? Porque tiene toda la pinta.
Durante una hora Ángela me estuvo contando sus hazañas con
Fredik.
Desde que éramos enanas Ángela siempre era la ligona del
grupo. Su lema era: “Si usas a un chico, es como si estuvieras usando a un
juguete”.
En definitiva, Ángela es como una abeja; le gusta ir de flor
en flor.
Pero tenía el presentimiento de que, si iba en serio con él,
acabarían bien.
No se podía decir lo mismo entre Drake y yo…
Tenía que olvidarme de él y concentrarme en Azahar, que era
lo importante.
- ¡Sam!¡Sam! ¿Me estás escuchando?
- Em… creo que no.
- Eres un caso tia.
- Siempre me lo dicen- y le dediqué una sonrisa picarona.
En pleno Otoño a las 18:30 de la tarde ya era de noche. Así
que en cuanto comenzó a oscurecer nos fuimos cada una a su casa, con la
esperanza de volver a repetir una tarde juntas.
martes, 12 de junio de 2012
Capítulo 8
Dejé que la
puerta cerrada de la biblioteca se quedara atrás.
Con la
mirada puesta en las baldosas me dirigí a la clase de la profesora Clearwather,
que me daba lengua inglesa.
Por
desgracia Lindsay compartía clase conmigo, pero después del accidente en el
aparcamiento, ni siquiera se atrevió a mirarme.
Quería
despejar un poco mi mente y lo mejor para eso era hacer ejercicios de Física:
eran complicados y necesitaban el 100% de mi atención para realizarlos.
Casi sin
darme cuenta hora y media se habían pasado en cinco minutos, siquiera escuché
el timbre.
-Samantha,
¿te importaría quedarte? Tengo que hablar contigo-la profesora se dirigió a mí
con cara triste.
-Profesora,
siento no haber traído los ejercicios, ¡le prometo que mañana los traeré!...-no
me dejó terminar la frase.
-No te
quería hablar sobre eso…
La miré con
mirada interrogatoria, no sabía qué esperarme. Lo único que esperaba era oír
buenas noticias, pero la expresión de sus gestos me decían lo contrario.
-La Policía
está fuera y quiere hablar contigo.
-¿La
Policía?¿Conmigo?¿Por qué?¿Qué ha pasado?
-Por favor,
no hagas esto más difícil. Yo no puedo decirte nada. Ellos te lo explicarán
todo.
Eché a
correr por todo el pasillo, recorriendo casi todo el instituto.
Cuando
llegué al aparcamiento había un corrillo alrededor de los agentes de policía.
Entre
empujones y codazos me abrí camino.
-Soy
Samantha Smith, ¿me buscaban?
-Sí-dijo uno
de los policías- Soy el agente Railly. Me gustaría hablar contigo en un
ambiente con menos gente.
Me llevó
hasta las puertas del Colegio.
¿Qué
pasa?-le pregunté, estaba muy alterada y nadie quiso decirme nada.
-¿Eres la
hija de John Smith Gómez y Nikki Sue Mongómery?-no me gustó ese tono de voz con
el que decía el nombre de mis padres.
-Sí, ¿qué
pasa?-En ese momento me alteré muchísimo más.
-Tu madre…tu
madre ha tenido un accidente esta mañana. Iba con un niño llamado Azahar. No
hemos podido salvarla. Lo siento…
“Un día de verano Azahar y yo fuimos a la
playa. Mis padres no estaban y nos quedamos a cargo de unos vecinos. Tenía 12
años, Azahar 4. Se me ocurrió que podríamos bañarnos cerca de unas rocas para
poder observar un tipo de pez que crecía únicamente en esas playas. Fue una
mala idea. La hija de los vecinos que nos cuidaban se quiso venir. Otra mala idea.
Al ser yo la mayor tenía que cuidar de los dos. Íbamos en fila: yo primera,
Azahar detrás y Clara la última. Resbalé. Me caí sobre unas rocas afiladas y
rajé parte del brazo. Azahar se apartó y comenzó a gritar ayuda. Clara no sabía
qué hacer, estaba muy alterada. Intentó ayudarme para que pudiera levantarme
pero en ese momento una ola nos inundó por completo, aún estando en la
superficie. Por suerte para mí tragué agua pero mi cuerpo se quedó encima de las rocas. Por desgracia para Clara su
cabeza golpeó contra unas rocas que se encontraban detrás de ella arrancándole
la vida. Con sólo 10 años. Desde ese momento dí gracias a Dios porque si mi
hermano hubiera estado en su lugar, no
sé qué habría pasado.”
El aire me
faltaba, no podía respirar.
-¡Niña, niña!
¡¿Estás bien?!
Me desmayé y
caí al suelo.
Lo último
que recuerdo fue la cara del agente y el cielo cubierto de nubes.
Desperté
horas más tarde en una habitación azul con sábanas blancas. Lo más seguro es
que fuera un hospital.
Tenía la
boca adormecida, no podía pronunciar palabra.
Me costaba
mucho abrir los ojos del todo, quizás por algún medicamento.
La
habitación era fría y algo deprimente. Tenía un sillón marrón a la derecha de
la cama y una ventana detrás de este que daba a la ciudad.
“Una ciudad
preciosa”, pensé.
La enfermera
entró por la puerta. La seguía un hombre, no le podía ver bien pero creo que
era mi padre.
Se acercó a
mí y se sentó al filo de la cama.
-Hola cielo,
¿cómo te encuentras?
Me costó
reaccionar, me sentía aturdida y cansada.
-Cansada…
-Las
enfermeras dicen que no has pegado ojo en toda la noche… Bueno, mañana te darán
el alta y pasaré a recogerte. Ahora debo irme-se estaba levantando de la cama
cuando me dio un beso en la frente.- Te quiero, descansa.
Apenas pude
despedirme cuando empezaron a cerrarse mis ojos.
Todavía
adormecida comencé a abrir los ojos poco a poco en busca de un reloj. Las
19:21. Era por la tarde, el sol todavía no se había ocultado.
Una
enfermera nueva asomó la cabeza por la puerta.
-Ha venido
alguien a verte.
En ese
momento Angela pasó por la puerta y al lado de
ella estaba Fredik.
-Angy…¿Fredik?
Pero qué, ¿os conocéis?- casi tartamudeaba.
Ángela
comenzó a reírse y se puso roja.
-¡Que va
Sam! Nos hemos encontrado en la sala de espera.
-Drake está
fuera-dijo Fredik- Quiere verte.
-Dile que pase-le intenté sonreír.
Ángela se
estaba acomodando en la cama y sacó de su bolso una barrita de Kinder Bueno.
Le dio un
beso al envoltorio y me lo regaló.
-Gracias.
-Eh, ¡no hay
de qué! Pero a cambio me tienes que dar un bocadito.
Fredik salió
de la habitación y Drake entró.
-¡Woaaw qué
bellezón! ¿Quién es ese?- saltó Ángela- Soy Ángela: su mejor amiga, su hombro
donde llorar y la chica que le ayuda a hacer la compra-le extendió la mano-
Encantada.
Drake se rió pero le extendió la mano como un
caballero.
-Soy Drake:
su compañero de biología, guardaespaldas y…le traigo galletas.
Ángela le
sonrió y le hizo una reverencia.
-En ese caso
puede pasar, noble señor.
-Gracias señorita.
-Me iré para
que podáis hablar. Estaré fuera por si necesitas algo, aunque creo que estarás
en buenas manos- y le guiño un ojo a Drake.
“Será
ligona”. Esta mujer tontearía hasta con un mono si tuviera los ojos verdes.
Drake cerró
la puerta y dejó las galletas en la mesita que había al lado de la cama.
-¿Te importa
que me siente?- y señaló la cama.
Negué con la
cabeza. Su presencia me ponía nerviosa y de haberle hablado hubiera balbuceado
como una tonta.
Drake se sentó
en la cama e instantaneamente se agachó u me besó. Fue un beso rápido y cálido.
En menos de dos segundos ya estaba otra vez incorporado.
-¿Cómo te
encuentras?
-No es uno
de mis mejores días- intenté decir mientras mi boca semejaba una sonrisa.
-Me voy unos
días. Me tomaré unas vacaciones y estudiaré por mi cuenta.
El mundo se
me volvió a hechar encima. Drake iba a dejarme, ¡No, ahora no! Lo necesitaba a
mi lado, ahora más que nunca.
-No quiero
que te vayas.
-Sé que
estás mal, pero entiéndelo, yo también estoy mal: Sophie está aquí, Fredik no
sabe nada y mis padres desvían la conversación cada vez que intentto hablar del
tema.
No sabía qué
decirle exactamente.
-¿Qué días
te vas?
-Mañana.
Vengo para despedirme.
Se agachó,
me dio un beso y desapareció por la puerta.
jueves, 7 de junio de 2012
Capítulo 7
Mark y yo nos sentamos en la mesa más apartada de toda la Biblioteca porque me
dijo que quería hablar con migo sobre Drake.
-¿Y tú, qué haces aquí?- le pregunté mientras me acomodaba
en la dura silla de metal.
-Se supone que tengo Gimnasia pero ayer me torcí el tobillo
jugando y el entrenador me ha prohibido hacer esfuerzo.
Me entró hipo y no me atreví a contestar.
Mark sacó sus libros de Historia mientras yo me levantaba
para coger unos libros.
Rebusqué varias estanterías buscando un libro sobre la
historia de los Dioses.
Había varios libros con distintos tipos de nombres de
Dioses: Zeus, Poseidón, Hades, Hércules, Afrodita… Elegí Hades.
Siempre había pensado que Hades era el peor dios de todos,
lleno de ira y rabia. Pero no era así:
“Hades, hermano de
Zeus y Poseidón, Dios del Inframundo.
Cuando
estos tres hermanos llegaron al Olimpo fascinados por las maravillas que
este y sus habitantes les ofrecían tuvieron
que repartirse las zonas de la
Tierra : Zeus, Dios del cielo; Poseidón, Dios del Mar y Hades,
Dios del Inframundo”.
Siempre pensé que Hades fue desterrado por Zeus, y por eso
este albergaba tanto odio hacia él.
Cuando volví a la mesa, con el libro en la mano, me dí
cuenta de que Mark no estaba. Sus cosas seguían allí, intactas.
Me senté en la silla a esperar, aproveché y seguí leyendo:
“Hades, Dios del Inframundo, secuestró a una
mortal a la que conoció en la tierra.
Se enamoró de ella perdidamente y la llevó
al inframundo para que `pasara con él
Toda la eternidad”.
¡Qué cruel! Secuestrar a alguien por amor aunque este no sea
correspondido.
Y cuando me puse a pensar en aquella maldad, Mark volvió.
-¿Dónde estabas?- le pregunté.
Me fijé en que traía una lata de Coca-Cola y una barrita de
kit kat.
-He ido a la máquina de la entrada a pillar algo para comer-
y le metió un bocado al kit kat- tengo hambre.
-¿Por qué no me has avisado?- le pregunté-Habría ido
contigo.
-Te ví tan concentrada que no quería molestarte.
Y nos reímos juntos.
-¿Has encontrado lo que buscabas?- me señaló el libro con la
cabeza.
-Sí…-le dije con una sonrisa.
Por un momento volví a recordar la llamada del baño y la
noticia del tráfico.
Ladeé la cabeza para que esos pensamientos desocuparan mi
mente.
-¿Estás bien?-me dijo Mark mientras que colocaba su mano
encima de mi hombro.
-Sí, solamente estoy algo cansada.
Pasado un rato sonó el timbre y nuestra hora libre acabó-
-Tengo que irme al otro lado del insti, a Inglés. ¿Nos vemos
luego?-mientras que me preguntaba estaba guardando mis libros en la mochila.
-Vale- le sonreí.
Quería registrarle las llamadas realizadas de las personas
conocidas dentro del instituto por si alguna coincidía con mi número a la misma
hora.
-Eh Mark, ¿me prestas tu móvil?-Puse ojos de cachorrito.
-¡Claro!-lo sacó del bolsillo de su pantalón.
Menú; llamadas realizadas… Ninguna coincidía con mi número.
Disimulé un poco e hice como si estuviera llamando a mi madre.
-No me lo coge, pero gracias.martes, 29 de mayo de 2012
Capítulo 6
Aparté su boca de la mia y me fui escaleras a bajo hasta el
cuarto de baño de las niñas.
No podía parar de sonreír pero en unos segundos toda esa
felicidad se convirtió en miedo. Esa sombra que tanto me asustaba apareció por
cuarta vez. No supe si era mi imaginación o si de verdad lo estaba viendo.
De repente esa sombra tomó forma humana y volvió a desvanecerse tras el lavabo.
Mi móvil comenzó a sonar: el número anotado en la nota de la
niña de la mañana me estaba llamando.
-¿Diga?- estaba aterrada.
-¡Cariño, cuánto me alegro de hablar contigo!
-Disculpe, ¿quién es?- no reconocía el número, ni tampoco la
voz.
-¿Es que no te acuerdas de mí? Nos vimos por última vez
cuando eras una niña. Tu madre me separó de ti. Me llamo Terry Maguire, soy tu
padre.
Me quedé sin palabras, ¡era imposible!
-Perdone pero se habrá equivocado, mi padre se llama John- y
colgué.
¿Mi padre?
El timbre volvió a sonar, y todavía quedaban 2 horas hasta
acabar.
Pensé que al ser la nueva algún listillo se querría reír de
mí gastándome una broma pesada, pero no lo conseguiría.
Tenía hora libre y estuve merodeando por los pasillos en
busca de compañía.
Me llegué hasta la biblioteca buscando algún empollón que
pudiera ayudarme con unos ejercicios de Economía.
Encontré a una recepcionista sentada en una silla gris y
apoyada sobre el escritorio pintándose las uñas de color rojo.
-Perdone, ¿me podría indicar dónde está la biblioteca?-
tenía pinta de no ayudarme mucho, pero aún así le insistí.
Masticaba chicle de menta con la boca abierta y tenía acento
argentino.
-Al fondo a la derecha- dijo sin levantar la mirada de las
uñas-
-Gracias…
Cuando iba a salir de la recepción escuché una noticia que
me impactó en la televisión que había situado encima de unos cajones a la
derecha del escritorio.
-Perdone, ¿pero le importaría subirle el volumen?
Salían las imágenes de un accidente cerca del centro, dos
coches habían chocado y uno de ellos había provocado que el otro vehiculo
girara bruscamente y se estampara contra una tienda de golosinas en la calle de
en frente.
Me dieron muchísima pena.
Por un momento me imaginé qué habría hecho si ese niño y esa
mujer hubieran sido mi madre y mi hermano… ¡No podría vivir sin ellos!
Pero no quise pensar en eso. Tenía una familia maravillosa y
les quería muchísimo.
Quería aprovechar mi hora libre y seguí las direcciones de
la recepcionista para llegar a la biblioteca.
Antes de llegar a la puerta me crucé con Mark.
-Hey, ¿tienes hora libre o qué?- me preguntó Mark.
-Sí, voy a aprovechar para hacer un trabajo.
-Ah, pues te acompaño- cogió su mochila y, como un
caballero, me abrió la puerta.
Le miré y le sonreí, me supo devolver la sonrisa.
martes, 22 de mayo de 2012
Capitulo 5
-¡Samantha! ¿Se ha quedado
dormida en mi clase?
El Señor Conner me estaba
observando desde su mesa mientras que todos los demás se reían de mí, incluido
Fredik.
Me quedé dormida: el beso con
Drake... ¡no era cierto! Había fantaseado muchas veces con ese momento… ¡El
trabajo!
-¡Señorita Samantha Smith, ha
tenido una hora para hacer el trabajo con su compañero!, ¿lo ha hecho?- el
trabajo era lo único que no me había imaginado.
Pero… ¿en qué momento de la clase
me quede dormida? Ah sí, recuerdo que Fredik me estaba contando algo de
Marruecos y... ¡No! Me dormí cuando Fredik empezó a contarme el viaje que tenía
planificado Drake para hacer a Marruecos.
-Se lo repetiré, ¡¿Ha aprovechado
esta hora señorita Smith?!
Nadie me había llamado hasta
ahora Smith.
-Ehm… si, he aprovechado la hora.
El Señor Conner me miró con cara
de pocos amigos, pero por suerte para mí sonó el timbre: por fin había acabado
la clase de Biología.
-¡Quiero su trabajo el lunes por
la mañana sobre mi mesa!
Su mirada de asesino daba terror,
pero en el fondo era un buen profesor.
Al bajar las escaleras casi me
tropiezo con un envoltorio de una golosina o alguna galleta de chocolate tirado
en el suelo.
-Prueba superada- Drake salió de
uno de los pasillos a mi derecha.
-¿Has sido tú el que ha puesto
ese papel ahí?- le miré con cara de pocos amigos.
-Por desgracia no, pero me
hubiera gustado ver que habría pasado si lo hubieses pisado.
La broma de Drake me hizo gracia
por un instante, hasta que me vino a la cabeza mi sueño con él: ese beso tan
apasionado.
-¿Sabes? Me he quedado dormida en
la clase del Señor Conner y he soñado con… - ¡No podía decírselo! ¿Qué le iba a
decir? “oye Drake me he quedado dormida y he fantaseado con que me besabas en
mitad del pasillo. No podía decirle nada del sueño.
Drake me miró con picardía y
curiosidad.
-¿Con qué?- se le notaba en los
ojos que se moría de ganas de saberlo.
Me despisté dos segundos pensando
en la excusa perfecta cuando me encontré con el mismo papel de antes y caí al suelo, por
suerte Drake me cogió y me arropó en sus brazos antes de que me fuera rodando
escaleras abajo.
-Contigo- ¡oh mierda!
Drake soltó una carcajada y se
acercó a mí para susurrarme.
-¿Ah sí? ¿Y qué pasaba en tu
“super” sueño con el “gran Drake”?- me hizo mucha gracia lo de el “gran Drake”,
pero dejé que su imaginación pasara por mí también.
Drake se acercó otra vez, se lo
intenté impedir levantando una mano y estampándola contra su pecho, pero no dio
resultado. Drake usó mi mano para que me acercara más a él mientras yo seguía
entre sus brazos.
-Ocurría exactamente lo mismo que
está ocurriendo ahora.
Le besé, Drake me devolvió el
beso. Volví a sentir el mismo calor inexplicable que sentí en el sueño, pero
esta vez, era de verdad.
martes, 15 de mayo de 2012
Capítulo 4
La camarera se fue y nos quedamos
unos segundos mirándonos. Intentaba desviarle la mirada pero él seguía
mirándome.
- Estás guapísima- soltó una gran
carcajada.
El móvil comenzó a sonarme. Era
mi madre.
- ¡Samantha, tu hermano se ha caído
por las escaleras y lo vamos a llevar al hospital, porque tiene una brecha en
la cabeza!- me dijo angustiada por la noticia.
- ¡Voy enseguida!- colgué.
- Oye Drake, lo siento pero mi
hermano ha tenido un accidente ¿comemos otro día, vale?- le dí un beso en la mejilla
y me fui corriendo.
Drake se quedó con ganas de
despedirse pero no le di oportunidad.
Al salir del restaurante me fui
corriendo hacia el MINI, tarde unos segundos en encontrar las llaves de este,
pero al final las encontré.
Cuando entré volví a llamar a mi
madre pero no me lo cogió. Conduje hasta el hospital más cercano de la casa.
Entré corriendo y me encontré a mi madre en la sala de espera.
-Azahar está dentro con el
médico, le está cosiendo la brecha.- me dijo angustiada.
Me calmé porque no parecía nada
grave y me acordé del pobre Drake que seguramente habría llamado a Lindsay para
que comiera con él y no quedarse solo por mi plantón.
Me senté en los asientos azules
de la sala, cuando recibí un mensaje de Drake:
¿Cómo está tu hermano? Me he comido tu parte de pizza J
Me hizo gracia la segunda frase y
le contesté que estaba bien, que no se preocupara.
Esa noche no pude dormir y me
acerqué al cuarto de Azahar a ver cómo estaba.
- Azhi, ¿estas despierto?- me
limité a susurrar.
- ¿Te puedes quedar un rato
conmigo?, me duele la cabeza.
Me dio pena por unos instantes,
(era mi hermano pequeño y lo quería con locura).
- Claro, para que te crees que
estoy aparte de para hacerte llorar, ¿eh?- y soltamos una pequeña carcajada a
la vez.
Estuvimos contándonos historias y
me contó anécdotas de su nueva clase: que la profesora de Cono estaba loca, que
una niñas le había mandado una carta preguntándole que si quería salir con él,
y que le habían puesto un trabajo de Lengua sobre un famoso escritor. Al cabo
de media hora me quedé dormida y él sobre mi regazo.
Intenté no despertarle la mañana
siguiente, porque debía de ir al instituto.
Al llegar Lindsay me vio y se
acercó a mí para hablarme. Mientras se acercaba me rayó la parte trasera del
coche con una llave.
-¡Oye, no te quiero volver a ver
con mi novio, entendido!- me amenazó.
-¿De qué me estas hablando?
- No me vaciles que puedes acabar
con un moratón en la cara, ándate con cuidado.
Lindsay se estaba acercando a mí
y preparándose para pegarme un puñetazo, pero en el momento que fue a levantar
el puño para atizarme Drake le cogió la mano desde arriba y se la bajo con
brusquedad. Hubo unos segundos de silencio hasta que Drake lo rompió.
- No te atrevas a tocarla.
Lindsay se libró del puño de
Drake bruscamente y clavó su mirada en mí
-Ten cuidado, él no estará
siempre para protegerte.
En ese momento una rabia se
apoderó de mí y sin control alguno, mi puño izquierdo le atizó un puñetazo.
Lindsay se llevó la mano a la
cara. Drake se quedó mirándola alucinado.
-No vuelvas a amenazarme,¿Está claro?-la miré con odio y me
fui.
Lindsay se marchó a la enfermaría
para pedir una bolsa de plástico con hielo. Drake me siguió y me admiró por lo
que acababa de hacer.
-Y yo que pensaba que tú eras una
niña buena- y soltó una carcajada.
Me puse roja y él lo notó.
-Gracias por defenderme. Sino
hubiera sido por ti estaría en enfermería con un buen morado en la cara.
Al entrar en clase de Biología me
senté con Fredik. Lo noté algo preocupado pero no tuve valor para peguntarle
por qué. De repente se me hizo un nudo en el estómago cuando entró Sophie, la
hermana de Drake, por la puerta de la clase.
Entró por casualidad fingiendo
querer hablar con el profesor de ciencias. Cuando se dio cuenta de que se había
equivocado de clase se marchó.
-¿La conoces?- le pregunté a
Fredik hablando por lo bajo.
-Su cara me suena, pero no sé de
qué.
Me mordí la lengua y me calle
para que Fredik no sospechara nada. Le prometí a Drake que guardaría el
secreto, y asía hice, o al menos eso creía yo.
El señor Corner nos obligó ha
hacer un trabajo sobre nuestro futuro: pensamientos, ilusiones, planificaciones
futuras…
-¿Sabes lo que quiero hacer?-
exclamó Fredik.
Le miré con interés y muy atenta
a lo que decía.
-Construir mi propia universidad.
Se llamará “University of Chemistry”.
-¿La Universidad de
Química?- Solté una gran carcajada que hasta el Señor Conner la oyó y me miró
fijamente con una mirada que hubiese odiado de cualquier otra persona.
-Sí, era nuestro sueño desde
éramos chicos. La idea fue de Drake pero maduró y se le ocurrió la idea de irse
a Marruecos.
-¿Marruecos?, ¿Para qué?- me
preocupaba la idea de que Drake se fuera, no quería perderle ahora empezaba a
sentirme realmente atraída por é. y más después de haberme defendido de aquella
forma.
-Si, para seguir el curso allí.
Quiere estudiar Economía y tiene muchas posibilidades como empresario.
¡No!, Drake no podía irse, ahora
no…
El timbre sonó y el Señor Conner
dio por finalizada la clase.
Cogí mis libros y me percate de
que Mark, el mejor amigo de Drake, estaba detrás de mí, señalándome la puerta.
-Drake te está esperando.
Miré hacia la puerta y lo vi
allí, de pie con sus Ray Ban negras con los filos plateados en la cabeza.
Estaba muy nerviosaza, ¿qué
querrá de mí? Cada día tiene más sorpresas. El timbre volvió a sonar anunciando
un recreo. La gente fue al aparcamiento y a la biblioteca; por unos momentos
nos quedamos solos en el pasillo.
Drake me acorraló, obligándome a
estar contra la puerta de la clase del Señor Conner.
-¿A qué has venido?- su boca semejó
una media sonrisa, y no se desvaneció.
Se acercó a mi oído, susurrándome
suavemente y con eso aroma tan cálido el porqué de esa visita.
-Vine a ver a mi hermano.
-Drake, el sarcasmo nunca fue tu
fuerte.
Soltó una carcajada y cuando me
quise dar cuenta su cara estaba a pocos centímetros de la mía, y sus ojos me
producían un calor inexplicable.
Intenté desviarle la mirada, pero,
me arrepentí al instante: esa sombra que tanto me perseguí apareció tras Drake
y se desvaneció tras las taquillas.
-Drake no lo intentes…-Drake se
acercaba más y más, hasta que sentí su aliento abrasador y sus labios rozaron
los míos.
-No lo intento, tú haces que esto
sea lo que tú quieras.
-Yo no quiero esto…- mentí, sí
que lo quería.
-Sí quieres que pare…solo tienes
que decírmelo.
Quise gritarle que me besara.¡Bésame, bésame! Lo hizo. Tenía los
labios suaves y cálidos. Su boca sabía a manzana. Recordé que me había tomado
un chicle de fresa sin que se diera cuenta al guardar los libros.
Su lengua jugueteó y se revolvió
un poco con la mía, pero quise parar y le aparte la cara.
-Samantha…
-Samantha…
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