miércoles, 20 de junio de 2012

Capitulo 9


Pasé varios días en el Hospital por culpa de la bajada de tensión cuando me enteré de la noticia de mi madre.
13 de Enero: Me dan el alta y puedo irme a mi casa.
Quedé con Ángela esa tarde para hablar sobre varios temas.
- No me apetece estar en casa.
Cogí mi bolso, rellené mi cartera de dinero y nos dirigimos al parque situado detrás de mi casa.
El tiempo que duró el trayecto lo pasamos sin hablar, lo único que hacíamos era mirar a nuestro alrededor, como dos completas desconocidas.
Había dos niños pequeños jugueteando por los columpios cuando llegamos.
Nos sentamos en el banco más apartado.
- Ni siquiera puedo imaginarme cómo te debes de sentir en estos momentos.
Giró la cara y nuestras miradas se cruzaron por primera vez en toda la tarde.
- No quiero amargarme. Necesito salir adelante CON o SIN ella.
En ese momento Ángela me abrazó y supe que contaba con todo su apoyo.
- ¿Crees que volverás a verle?
Los niños que había se fueron cuesta abajo donde sus madres los esperaban con una bolsa de caramelos.
- Sí, pero no quiero darle muchas vueltas. Lo importante ahora es mi hermano y haré todo lo que haga falta para que sea feliz. Él no se merece esto. Debo de ser fuerte: por él, por mi padre y por mí misma.
Azahar también pasó varios días en el Hospital por el accidente.
- Tengo que contarte una cosa…- Ángela bajó la mirada y se sonrojó.
- ¡Sorpréndeme!- y le lancé una mirada furtiva.
- Me he estado viendo a escondidas con Fredik…
- ¡¿Qué, qué?!
La noticia me sobresaltó y Ángela rebotó en el banco del grito que dí.
- El día que fuimos a verte al Hospital lo ví tan solito que me puse a hablar con él y una cosa llegó a la otra…
- O sea, que es hetero, ¿no?
- ¿En serio pensabas que era gay?
- ¿Es que tú no? Porque tiene toda la pinta.
Durante una hora Ángela me estuvo contando sus hazañas con Fredik.
Desde que éramos enanas Ángela siempre era la ligona del grupo. Su lema era: “Si usas a un chico, es como si estuvieras usando a un juguete”.
En definitiva, Ángela es como una abeja; le gusta ir de flor en flor.
Pero tenía el presentimiento de que, si iba en serio con él, acabarían bien.
No se podía decir lo mismo entre Drake y yo…
Tenía que olvidarme de él y concentrarme en Azahar, que era lo importante.
- ¡Sam!¡Sam! ¿Me estás escuchando?
- Em… creo que no.
- Eres un caso tia.
- Siempre me lo dicen- y le dediqué una sonrisa picarona.
En pleno Otoño a las 18:30 de la tarde ya era de noche. Así que en cuanto comenzó a oscurecer nos fuimos cada una a su casa, con la esperanza de volver a repetir una tarde juntas.



martes, 12 de junio de 2012

Capítulo 8


Dejé que la puerta cerrada de la biblioteca se quedara atrás.
Con la mirada puesta en las baldosas me dirigí a la clase de la profesora Clearwather, que me daba lengua inglesa.
Por desgracia Lindsay compartía clase conmigo, pero después del accidente en el aparcamiento, ni siquiera se atrevió a mirarme.
Quería despejar un poco mi mente y lo mejor para eso era hacer ejercicios de Física: eran complicados y necesitaban el 100% de mi atención para realizarlos.
Casi sin darme cuenta hora y media se habían pasado en cinco minutos, siquiera escuché el timbre.
-Samantha, ¿te importaría quedarte? Tengo que hablar contigo-la profesora se dirigió a mí con cara triste.
-Profesora, siento no haber traído los ejercicios, ¡le prometo que mañana los traeré!...-no me dejó terminar la frase.
-No te quería hablar sobre eso…
La miré con mirada interrogatoria, no sabía qué esperarme. Lo único que esperaba era oír buenas noticias, pero la expresión de sus gestos me decían lo contrario.
-La Policía está fuera y quiere hablar contigo.
-¿La Policía?¿Conmigo?¿Por qué?¿Qué ha pasado?
-Por favor, no hagas esto más difícil. Yo no puedo decirte nada. Ellos te lo explicarán todo.
Eché a correr por todo el pasillo, recorriendo casi todo el instituto.
Cuando llegué al aparcamiento había un corrillo alrededor de los agentes de policía.
Entre empujones y codazos me abrí camino.
-Soy Samantha Smith, ¿me buscaban?
-Sí-dijo uno de los policías- Soy el agente Railly. Me gustaría hablar contigo en un ambiente con menos gente.
Me llevó hasta  las puertas del Colegio.
¿Qué pasa?-le pregunté, estaba muy alterada y nadie quiso decirme nada.
-¿Eres la hija de John Smith Gómez y Nikki Sue Mongómery?-no me gustó ese tono de voz con el que decía el nombre de mis padres.
-Sí, ¿qué pasa?-En ese momento me alteré muchísimo más.
-Tu madre…tu madre ha tenido un accidente esta mañana. Iba con un niño llamado Azahar. No hemos podido salvarla. Lo siento…

“Un día de verano Azahar y yo fuimos a la playa. Mis padres no estaban y nos quedamos a cargo de unos vecinos. Tenía 12 años, Azahar 4. Se me ocurrió que podríamos bañarnos cerca de unas rocas para poder observar un tipo de pez que crecía únicamente en esas playas. Fue una mala idea. La hija de los vecinos que nos cuidaban se quiso venir. Otra mala idea. Al ser yo la mayor tenía que cuidar de los dos. Íbamos en fila: yo primera, Azahar detrás y Clara la última. Resbalé. Me caí sobre unas rocas afiladas y rajé parte del brazo. Azahar se apartó y comenzó a gritar ayuda. Clara no sabía qué hacer, estaba muy alterada. Intentó ayudarme para que pudiera levantarme pero en ese momento una ola nos inundó por completo, aún estando en la superficie. Por suerte para mí tragué agua pero mi cuerpo se quedó  encima de  las rocas. Por desgracia para Clara su cabeza golpeó contra unas rocas que se encontraban detrás de ella arrancándole la vida. Con sólo 10 años. Desde ese momento dí gracias a Dios porque si mi hermano hubiera estado  en su lugar, no sé qué habría pasado.”

El aire me faltaba, no podía respirar.
-¡Niña, niña! ¡¿Estás bien?!
Me desmayé y caí al suelo.
Lo último que recuerdo fue la cara del agente y el cielo cubierto de nubes.
Desperté horas más tarde en una habitación azul con sábanas blancas. Lo más seguro es que fuera un hospital.
Tenía la boca adormecida, no podía pronunciar palabra.
Me costaba mucho abrir los ojos del todo, quizás por algún medicamento.
La habitación era fría y algo deprimente. Tenía un sillón marrón a la derecha de la cama y una ventana detrás de este que daba a la ciudad.
“Una ciudad preciosa”, pensé.
La enfermera entró por la puerta. La seguía un hombre, no le podía ver bien pero creo que era mi padre.
Se acercó a mí y se sentó al filo de la cama.
-Hola cielo, ¿cómo te encuentras?
Me costó reaccionar, me sentía aturdida y cansada.
-Cansada…
-Las enfermeras dicen que no has pegado ojo en toda la noche… Bueno, mañana te darán el alta y pasaré a recogerte. Ahora debo irme-se estaba levantando de la cama cuando me dio un beso en la frente.- Te quiero, descansa.
Apenas pude despedirme cuando empezaron a cerrarse mis ojos.
Todavía adormecida comencé a abrir los ojos poco a poco en busca de un reloj. Las 19:21. Era por la tarde, el sol todavía no se había ocultado.
Una enfermera nueva asomó la cabeza por la puerta.
-Ha venido alguien a verte.
En ese momento Angela pasó por la puerta y al lado de  ella estaba Fredik.
-Angy…¿Fredik? Pero qué, ¿os conocéis?- casi tartamudeaba.
Ángela comenzó a reírse y se puso roja.
-¡Que va Sam! Nos hemos encontrado en la sala de espera.
-Drake está fuera-dijo Fredik- Quiere verte.
-Dile  que pase-le intenté sonreír.
Ángela se estaba acomodando en la cama y sacó de su bolso una barrita de Kinder Bueno.
Le dio un beso al envoltorio y me lo regaló.
-Gracias.
-Eh, ¡no hay de qué! Pero a cambio me tienes que dar un bocadito.
Fredik salió de la habitación y Drake entró.
-¡Woaaw qué bellezón! ¿Quién es ese?- saltó Ángela- Soy Ángela: su mejor amiga, su hombro donde llorar y la chica que le ayuda a hacer la compra-le extendió la mano- Encantada.
Drake se rió pero le extendió la mano como un caballero.
-Soy Drake: su compañero de biología, guardaespaldas y…le traigo galletas.
Ángela le sonrió y le hizo una reverencia.
-En ese caso puede pasar, noble señor.
-Gracias señorita.
-Me iré para que podáis hablar. Estaré fuera por si necesitas algo, aunque creo que estarás en buenas manos- y le guiño un ojo a Drake.
“Será ligona”. Esta mujer tontearía hasta con un mono si tuviera los ojos verdes.
Drake cerró la puerta y dejó las galletas en la mesita que había al lado de la cama.
-¿Te importa que me siente?- y señaló la cama.
Negué con la cabeza. Su presencia me ponía nerviosa y de haberle hablado hubiera balbuceado como una tonta.
Drake se sentó en la cama e instantaneamente se agachó u me besó. Fue un beso rápido y cálido. En menos de dos segundos ya estaba otra vez incorporado.
-¿Cómo te encuentras?
-No es uno de mis mejores días- intenté decir mientras mi boca semejaba una sonrisa.
-Me voy unos días. Me tomaré unas vacaciones y estudiaré por mi cuenta.
El mundo se me volvió a hechar encima. Drake iba a dejarme, ¡No, ahora no! Lo necesitaba a mi lado, ahora más que nunca.
-No quiero que te vayas.
-Sé que estás mal, pero entiéndelo, yo también estoy mal: Sophie está aquí, Fredik no sabe nada y mis padres desvían la conversación cada vez que intentto hablar del tema.
No sabía qué decirle exactamente.
-¿Qué días te vas?
-Mañana. Vengo para despedirme.
Se agachó, me dio un beso y desapareció por la puerta.









jueves, 7 de junio de 2012

Capítulo 7


Mark y yo nos sentamos en la mesa más apartada de toda la Biblioteca porque me dijo que quería hablar con migo sobre Drake.
-¿Y tú, qué haces aquí?- le pregunté mientras me acomodaba en la dura silla de metal.
-Se supone que tengo Gimnasia pero ayer me torcí el tobillo jugando y el entrenador me ha prohibido hacer esfuerzo.
Me entró hipo y no me atreví a contestar.
Mark sacó sus libros de Historia mientras yo me levantaba para coger unos libros.
Rebusqué varias estanterías buscando un libro sobre la historia de los Dioses.
Había varios libros con distintos tipos de nombres de Dioses: Zeus, Poseidón, Hades, Hércules, Afrodita… Elegí Hades.
Siempre había pensado que Hades era el peor dios de todos, lleno de ira y rabia. Pero no era así:
“Hades, hermano de Zeus y Poseidón, Dios del Inframundo.
  Cuando estos tres hermanos llegaron al Olimpo fascinados por las maravillas que
  este y sus habitantes les ofrecían tuvieron que repartirse las zonas de la Tierra: Zeus, Dios del cielo; Poseidón, Dios del Mar y Hades, Dios del Inframundo”.

Siempre pensé que Hades fue desterrado por Zeus, y por eso este albergaba tanto odio hacia él.
Cuando volví a la mesa, con el libro en la mano, me dí cuenta de que Mark no estaba. Sus cosas seguían allí, intactas.
Me senté en la silla a esperar, aproveché y seguí leyendo:
   “Hades, Dios del Inframundo, secuestró a una mortal a la que conoció en la tierra.
   Se enamoró de ella perdidamente y la llevó al inframundo para que `pasara con él
   Toda la eternidad”.
¡Qué cruel! Secuestrar a alguien por amor aunque este no sea correspondido.
Y cuando me puse a pensar en aquella maldad, Mark volvió.
-¿Dónde estabas?- le pregunté.
Me fijé en que traía una lata de Coca-Cola y una barrita de kit kat.
-He ido a la máquina de la entrada a pillar algo para comer- y le metió un bocado al kit kat- tengo hambre.
-¿Por qué no me has avisado?- le pregunté-Habría ido contigo.
-Te ví tan concentrada que no quería molestarte.
Y nos reímos juntos.
-¿Has encontrado lo que buscabas?- me señaló el libro con la cabeza.
-Sí…-le dije con una sonrisa.
Por un momento volví a recordar la llamada del baño y la noticia del tráfico.
Ladeé la cabeza para que esos pensamientos desocuparan mi mente.
-¿Estás bien?-me dijo Mark mientras que colocaba su mano encima de mi hombro.
-Sí, solamente estoy algo cansada.
Pasado un rato sonó el timbre y nuestra hora libre acabó-
-Tengo que irme al otro lado del insti, a Inglés. ¿Nos vemos luego?-mientras que me preguntaba estaba guardando mis libros en la mochila.
-Vale- le sonreí.
Quería registrarle las llamadas realizadas de las personas conocidas dentro del instituto por si alguna coincidía con mi número a la misma hora.
-Eh Mark, ¿me prestas tu móvil?-Puse ojos de cachorrito.
-¡Claro!-lo sacó del bolsillo de su pantalón.
Menú; llamadas realizadas… Ninguna coincidía con mi número. Disimulé un poco e hice como si estuviera llamando a mi madre.
-No me lo coge, pero gracias.