Dejé que la
puerta cerrada de la biblioteca se quedara atrás.
Con la
mirada puesta en las baldosas me dirigí a la clase de la profesora Clearwather,
que me daba lengua inglesa.
Por
desgracia Lindsay compartía clase conmigo, pero después del accidente en el
aparcamiento, ni siquiera se atrevió a mirarme.
Quería
despejar un poco mi mente y lo mejor para eso era hacer ejercicios de Física:
eran complicados y necesitaban el 100% de mi atención para realizarlos.
Casi sin
darme cuenta hora y media se habían pasado en cinco minutos, siquiera escuché
el timbre.
-Samantha,
¿te importaría quedarte? Tengo que hablar contigo-la profesora se dirigió a mí
con cara triste.
-Profesora,
siento no haber traído los ejercicios, ¡le prometo que mañana los traeré!...-no
me dejó terminar la frase.
-No te
quería hablar sobre eso…
La miré con
mirada interrogatoria, no sabía qué esperarme. Lo único que esperaba era oír
buenas noticias, pero la expresión de sus gestos me decían lo contrario.
-La Policía
está fuera y quiere hablar contigo.
-¿La
Policía?¿Conmigo?¿Por qué?¿Qué ha pasado?
-Por favor,
no hagas esto más difícil. Yo no puedo decirte nada. Ellos te lo explicarán
todo.
Eché a
correr por todo el pasillo, recorriendo casi todo el instituto.
Cuando
llegué al aparcamiento había un corrillo alrededor de los agentes de policía.
Entre
empujones y codazos me abrí camino.
-Soy
Samantha Smith, ¿me buscaban?
-Sí-dijo uno
de los policías- Soy el agente Railly. Me gustaría hablar contigo en un
ambiente con menos gente.
Me llevó
hasta las puertas del Colegio.
¿Qué
pasa?-le pregunté, estaba muy alterada y nadie quiso decirme nada.
-¿Eres la
hija de John Smith Gómez y Nikki Sue Mongómery?-no me gustó ese tono de voz con
el que decía el nombre de mis padres.
-Sí, ¿qué
pasa?-En ese momento me alteré muchísimo más.
-Tu madre…tu
madre ha tenido un accidente esta mañana. Iba con un niño llamado Azahar. No
hemos podido salvarla. Lo siento…
“Un día de verano Azahar y yo fuimos a la
playa. Mis padres no estaban y nos quedamos a cargo de unos vecinos. Tenía 12
años, Azahar 4. Se me ocurrió que podríamos bañarnos cerca de unas rocas para
poder observar un tipo de pez que crecía únicamente en esas playas. Fue una
mala idea. La hija de los vecinos que nos cuidaban se quiso venir. Otra mala idea.
Al ser yo la mayor tenía que cuidar de los dos. Íbamos en fila: yo primera,
Azahar detrás y Clara la última. Resbalé. Me caí sobre unas rocas afiladas y
rajé parte del brazo. Azahar se apartó y comenzó a gritar ayuda. Clara no sabía
qué hacer, estaba muy alterada. Intentó ayudarme para que pudiera levantarme
pero en ese momento una ola nos inundó por completo, aún estando en la
superficie. Por suerte para mí tragué agua pero mi cuerpo se quedó encima de las rocas. Por desgracia para Clara su
cabeza golpeó contra unas rocas que se encontraban detrás de ella arrancándole
la vida. Con sólo 10 años. Desde ese momento dí gracias a Dios porque si mi
hermano hubiera estado en su lugar, no
sé qué habría pasado.”
El aire me
faltaba, no podía respirar.
-¡Niña, niña!
¡¿Estás bien?!
Me desmayé y
caí al suelo.
Lo último
que recuerdo fue la cara del agente y el cielo cubierto de nubes.
Desperté
horas más tarde en una habitación azul con sábanas blancas. Lo más seguro es
que fuera un hospital.
Tenía la
boca adormecida, no podía pronunciar palabra.
Me costaba
mucho abrir los ojos del todo, quizás por algún medicamento.
La
habitación era fría y algo deprimente. Tenía un sillón marrón a la derecha de
la cama y una ventana detrás de este que daba a la ciudad.
“Una ciudad
preciosa”, pensé.
La enfermera
entró por la puerta. La seguía un hombre, no le podía ver bien pero creo que
era mi padre.
Se acercó a
mí y se sentó al filo de la cama.
-Hola cielo,
¿cómo te encuentras?
Me costó
reaccionar, me sentía aturdida y cansada.
-Cansada…
-Las
enfermeras dicen que no has pegado ojo en toda la noche… Bueno, mañana te darán
el alta y pasaré a recogerte. Ahora debo irme-se estaba levantando de la cama
cuando me dio un beso en la frente.- Te quiero, descansa.
Apenas pude
despedirme cuando empezaron a cerrarse mis ojos.
Todavía
adormecida comencé a abrir los ojos poco a poco en busca de un reloj. Las
19:21. Era por la tarde, el sol todavía no se había ocultado.
Una
enfermera nueva asomó la cabeza por la puerta.
-Ha venido
alguien a verte.
En ese
momento Angela pasó por la puerta y al lado de
ella estaba Fredik.
-Angy…¿Fredik?
Pero qué, ¿os conocéis?- casi tartamudeaba.
Ángela
comenzó a reírse y se puso roja.
-¡Que va
Sam! Nos hemos encontrado en la sala de espera.
-Drake está
fuera-dijo Fredik- Quiere verte.
-Dile que pase-le intenté sonreír.
Ángela se
estaba acomodando en la cama y sacó de su bolso una barrita de Kinder Bueno.
Le dio un
beso al envoltorio y me lo regaló.
-Gracias.
-Eh, ¡no hay
de qué! Pero a cambio me tienes que dar un bocadito.
Fredik salió
de la habitación y Drake entró.
-¡Woaaw qué
bellezón! ¿Quién es ese?- saltó Ángela- Soy Ángela: su mejor amiga, su hombro
donde llorar y la chica que le ayuda a hacer la compra-le extendió la mano-
Encantada.
Drake se rió pero le extendió la mano como un
caballero.
-Soy Drake:
su compañero de biología, guardaespaldas y…le traigo galletas.
Ángela le
sonrió y le hizo una reverencia.
-En ese caso
puede pasar, noble señor.
-Gracias señorita.
-Me iré para
que podáis hablar. Estaré fuera por si necesitas algo, aunque creo que estarás
en buenas manos- y le guiño un ojo a Drake.
“Será
ligona”. Esta mujer tontearía hasta con un mono si tuviera los ojos verdes.
Drake cerró
la puerta y dejó las galletas en la mesita que había al lado de la cama.
-¿Te importa
que me siente?- y señaló la cama.
Negué con la
cabeza. Su presencia me ponía nerviosa y de haberle hablado hubiera balbuceado
como una tonta.
Drake se sentó
en la cama e instantaneamente se agachó u me besó. Fue un beso rápido y cálido.
En menos de dos segundos ya estaba otra vez incorporado.
-¿Cómo te
encuentras?
-No es uno
de mis mejores días- intenté decir mientras mi boca semejaba una sonrisa.
-Me voy unos
días. Me tomaré unas vacaciones y estudiaré por mi cuenta.
El mundo se
me volvió a hechar encima. Drake iba a dejarme, ¡No, ahora no! Lo necesitaba a
mi lado, ahora más que nunca.
-No quiero
que te vayas.
-Sé que
estás mal, pero entiéndelo, yo también estoy mal: Sophie está aquí, Fredik no
sabe nada y mis padres desvían la conversación cada vez que intentto hablar del
tema.
No sabía qué
decirle exactamente.
-¿Qué días
te vas?
-Mañana.
Vengo para despedirme.
Se agachó,
me dio un beso y desapareció por la puerta.