martes, 18 de diciembre de 2012

Capitulo 10

Volví esa tarde a la casa cansada y preocupada por el estado de Azahar. Desde que volvió del hospital se negó a pisar el Colegio y apenas salió de su habitación, únicamente para ir al baño.
Mi padre y yo nos teníamos que turnar las comidas para llevárselas a su cuarto. De lunes a viernes me tocaba hacerle el desayuno y la cena. El fin de semana la comida.
Su estado físico estaba casi por completo recuperado, pero su estado psicológico sería muy difícil de recuperar.
Esa noche del martes me tocaba a mí hacerle la cena.
Pensé que quizás algo de patatas fritas le subía el ánimo.
Mi padre no iba a volver esa noche por motivos de trabajo. Por suerte Azahar accedió a cenar con migo en el salón.
- Hermanito, sabes que puedes contar con migo para lo que quieres y... aunque mamá ya no esté... siempre estaré aquí, no voy a dejarte.
En ese momento los ojos de mi hermano se inundaron en lágrimas.
Dejó el plato en la mesa de un golpe y me abrazó como nunca antes lo había hecho.
Miré a mi alrededor y me dí cuenta de que la casa entera estaba llena de fotos de mi madre. De esta forma era difícil superar la pérdida.
- La echo de menos...
Nunca ví a mi hermano tan deprimido como lo estuvo en esos días que, poco a poco, se iban convirtiendo en semanas.
- Hagamos un trato: come durante el resto de la semana en la cocina con papá y con migo y a cambio el viernes por la tarde te llevaré a la bolera... o al parque de atracciones, como prefieras.
- ¿Lo prometes?
- Lo prometo.
No entendía cómo ese cuerpecillo tan diminuto podía aguantar tantas emociones sin un enfado o una pataleta.
Ni siquiera yo a su edad podía aguantar tantos sentimientos a la vez como él.
Mi hermanito se estaba haciendo mayor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario