Pasé varios días en el Hospital por culpa de la bajada de
tensión cuando me enteré de la noticia de mi madre.
13 de Enero: Me dan el alta y puedo irme a mi casa.
Quedé con Ángela esa tarde para hablar sobre varios temas.
- No me apetece estar en casa.
Cogí mi bolso, rellené mi cartera de dinero y nos dirigimos
al parque situado detrás de mi casa.
El tiempo que duró el trayecto lo pasamos sin hablar, lo único
que hacíamos era mirar a nuestro alrededor, como dos completas desconocidas.
Había dos niños pequeños jugueteando por los columpios
cuando llegamos.
Nos sentamos en el banco más apartado.
- Ni siquiera puedo imaginarme cómo te debes de sentir en
estos momentos.
Giró la cara y nuestras miradas se cruzaron por primera vez
en toda la tarde.
- No quiero amargarme. Necesito salir adelante CON o SIN
ella.
En ese momento Ángela me abrazó y supe que contaba con todo
su apoyo.
- ¿Crees que volverás a verle?
Los niños que había se fueron cuesta abajo donde sus madres
los esperaban con una bolsa de caramelos.
- Sí, pero no quiero darle muchas vueltas. Lo importante
ahora es mi hermano y haré todo lo que haga falta para que sea feliz. Él no se
merece esto. Debo de ser fuerte: por él, por mi padre y por mí misma.
Azahar también pasó varios días en el Hospital por el
accidente.
- Tengo que contarte una cosa…- Ángela bajó la mirada y se sonrojó.
- ¡Sorpréndeme!- y le lancé una mirada furtiva.
- Me he estado viendo a escondidas con Fredik…
- ¡¿Qué, qué?!
La noticia me sobresaltó y Ángela rebotó en el banco del
grito que dí.
- El día que fuimos a verte al Hospital lo ví tan solito que
me puse a hablar con él y una cosa llegó a la otra…
- O sea, que es hetero, ¿no?
- ¿En serio pensabas que era gay?
- ¿Es que tú no? Porque tiene toda la pinta.
Durante una hora Ángela me estuvo contando sus hazañas con
Fredik.
Desde que éramos enanas Ángela siempre era la ligona del
grupo. Su lema era: “Si usas a un chico, es como si estuvieras usando a un
juguete”.
En definitiva, Ángela es como una abeja; le gusta ir de flor
en flor.
Pero tenía el presentimiento de que, si iba en serio con él,
acabarían bien.
No se podía decir lo mismo entre Drake y yo…
Tenía que olvidarme de él y concentrarme en Azahar, que era
lo importante.
- ¡Sam!¡Sam! ¿Me estás escuchando?
- Em… creo que no.
- Eres un caso tia.
- Siempre me lo dicen- y le dediqué una sonrisa picarona.
En pleno Otoño a las 18:30 de la tarde ya era de noche. Así
que en cuanto comenzó a oscurecer nos fuimos cada una a su casa, con la
esperanza de volver a repetir una tarde juntas.
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