martes, 12 de junio de 2012

Capítulo 8


Dejé que la puerta cerrada de la biblioteca se quedara atrás.
Con la mirada puesta en las baldosas me dirigí a la clase de la profesora Clearwather, que me daba lengua inglesa.
Por desgracia Lindsay compartía clase conmigo, pero después del accidente en el aparcamiento, ni siquiera se atrevió a mirarme.
Quería despejar un poco mi mente y lo mejor para eso era hacer ejercicios de Física: eran complicados y necesitaban el 100% de mi atención para realizarlos.
Casi sin darme cuenta hora y media se habían pasado en cinco minutos, siquiera escuché el timbre.
-Samantha, ¿te importaría quedarte? Tengo que hablar contigo-la profesora se dirigió a mí con cara triste.
-Profesora, siento no haber traído los ejercicios, ¡le prometo que mañana los traeré!...-no me dejó terminar la frase.
-No te quería hablar sobre eso…
La miré con mirada interrogatoria, no sabía qué esperarme. Lo único que esperaba era oír buenas noticias, pero la expresión de sus gestos me decían lo contrario.
-La Policía está fuera y quiere hablar contigo.
-¿La Policía?¿Conmigo?¿Por qué?¿Qué ha pasado?
-Por favor, no hagas esto más difícil. Yo no puedo decirte nada. Ellos te lo explicarán todo.
Eché a correr por todo el pasillo, recorriendo casi todo el instituto.
Cuando llegué al aparcamiento había un corrillo alrededor de los agentes de policía.
Entre empujones y codazos me abrí camino.
-Soy Samantha Smith, ¿me buscaban?
-Sí-dijo uno de los policías- Soy el agente Railly. Me gustaría hablar contigo en un ambiente con menos gente.
Me llevó hasta  las puertas del Colegio.
¿Qué pasa?-le pregunté, estaba muy alterada y nadie quiso decirme nada.
-¿Eres la hija de John Smith Gómez y Nikki Sue Mongómery?-no me gustó ese tono de voz con el que decía el nombre de mis padres.
-Sí, ¿qué pasa?-En ese momento me alteré muchísimo más.
-Tu madre…tu madre ha tenido un accidente esta mañana. Iba con un niño llamado Azahar. No hemos podido salvarla. Lo siento…

“Un día de verano Azahar y yo fuimos a la playa. Mis padres no estaban y nos quedamos a cargo de unos vecinos. Tenía 12 años, Azahar 4. Se me ocurrió que podríamos bañarnos cerca de unas rocas para poder observar un tipo de pez que crecía únicamente en esas playas. Fue una mala idea. La hija de los vecinos que nos cuidaban se quiso venir. Otra mala idea. Al ser yo la mayor tenía que cuidar de los dos. Íbamos en fila: yo primera, Azahar detrás y Clara la última. Resbalé. Me caí sobre unas rocas afiladas y rajé parte del brazo. Azahar se apartó y comenzó a gritar ayuda. Clara no sabía qué hacer, estaba muy alterada. Intentó ayudarme para que pudiera levantarme pero en ese momento una ola nos inundó por completo, aún estando en la superficie. Por suerte para mí tragué agua pero mi cuerpo se quedó  encima de  las rocas. Por desgracia para Clara su cabeza golpeó contra unas rocas que se encontraban detrás de ella arrancándole la vida. Con sólo 10 años. Desde ese momento dí gracias a Dios porque si mi hermano hubiera estado  en su lugar, no sé qué habría pasado.”

El aire me faltaba, no podía respirar.
-¡Niña, niña! ¡¿Estás bien?!
Me desmayé y caí al suelo.
Lo último que recuerdo fue la cara del agente y el cielo cubierto de nubes.
Desperté horas más tarde en una habitación azul con sábanas blancas. Lo más seguro es que fuera un hospital.
Tenía la boca adormecida, no podía pronunciar palabra.
Me costaba mucho abrir los ojos del todo, quizás por algún medicamento.
La habitación era fría y algo deprimente. Tenía un sillón marrón a la derecha de la cama y una ventana detrás de este que daba a la ciudad.
“Una ciudad preciosa”, pensé.
La enfermera entró por la puerta. La seguía un hombre, no le podía ver bien pero creo que era mi padre.
Se acercó a mí y se sentó al filo de la cama.
-Hola cielo, ¿cómo te encuentras?
Me costó reaccionar, me sentía aturdida y cansada.
-Cansada…
-Las enfermeras dicen que no has pegado ojo en toda la noche… Bueno, mañana te darán el alta y pasaré a recogerte. Ahora debo irme-se estaba levantando de la cama cuando me dio un beso en la frente.- Te quiero, descansa.
Apenas pude despedirme cuando empezaron a cerrarse mis ojos.
Todavía adormecida comencé a abrir los ojos poco a poco en busca de un reloj. Las 19:21. Era por la tarde, el sol todavía no se había ocultado.
Una enfermera nueva asomó la cabeza por la puerta.
-Ha venido alguien a verte.
En ese momento Angela pasó por la puerta y al lado de  ella estaba Fredik.
-Angy…¿Fredik? Pero qué, ¿os conocéis?- casi tartamudeaba.
Ángela comenzó a reírse y se puso roja.
-¡Que va Sam! Nos hemos encontrado en la sala de espera.
-Drake está fuera-dijo Fredik- Quiere verte.
-Dile  que pase-le intenté sonreír.
Ángela se estaba acomodando en la cama y sacó de su bolso una barrita de Kinder Bueno.
Le dio un beso al envoltorio y me lo regaló.
-Gracias.
-Eh, ¡no hay de qué! Pero a cambio me tienes que dar un bocadito.
Fredik salió de la habitación y Drake entró.
-¡Woaaw qué bellezón! ¿Quién es ese?- saltó Ángela- Soy Ángela: su mejor amiga, su hombro donde llorar y la chica que le ayuda a hacer la compra-le extendió la mano- Encantada.
Drake se rió pero le extendió la mano como un caballero.
-Soy Drake: su compañero de biología, guardaespaldas y…le traigo galletas.
Ángela le sonrió y le hizo una reverencia.
-En ese caso puede pasar, noble señor.
-Gracias señorita.
-Me iré para que podáis hablar. Estaré fuera por si necesitas algo, aunque creo que estarás en buenas manos- y le guiño un ojo a Drake.
“Será ligona”. Esta mujer tontearía hasta con un mono si tuviera los ojos verdes.
Drake cerró la puerta y dejó las galletas en la mesita que había al lado de la cama.
-¿Te importa que me siente?- y señaló la cama.
Negué con la cabeza. Su presencia me ponía nerviosa y de haberle hablado hubiera balbuceado como una tonta.
Drake se sentó en la cama e instantaneamente se agachó u me besó. Fue un beso rápido y cálido. En menos de dos segundos ya estaba otra vez incorporado.
-¿Cómo te encuentras?
-No es uno de mis mejores días- intenté decir mientras mi boca semejaba una sonrisa.
-Me voy unos días. Me tomaré unas vacaciones y estudiaré por mi cuenta.
El mundo se me volvió a hechar encima. Drake iba a dejarme, ¡No, ahora no! Lo necesitaba a mi lado, ahora más que nunca.
-No quiero que te vayas.
-Sé que estás mal, pero entiéndelo, yo también estoy mal: Sophie está aquí, Fredik no sabe nada y mis padres desvían la conversación cada vez que intentto hablar del tema.
No sabía qué decirle exactamente.
-¿Qué días te vas?
-Mañana. Vengo para despedirme.
Se agachó, me dio un beso y desapareció por la puerta.









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