miércoles, 25 de abril de 2012

Capítulo 1


“Allí me encontraba, justo donde menos deseaba estar. No se oía nada más lejos del grillar de los grillos o del canturreo de los pájaros, únicamente el viento susurrándome al oído pequeñas melodías. A lo lejos una sombra tan fina como el papel parecía desvanecerse entre los árboles”.
Me cansé de tanto leer, separé la hoja con el dedo y me lo llevé mientras que bajaba las escaleras de la planta de arriba, recorrí todo el pasillo; en él un cuadro nuevo de color turquesa con unos grandes ojos parecían observarme en todo momento.
No tenía mucha hambre ya que había desayunado muy tarde y había empezado la caja de cereales de chocolate de mi hermano, así que me fui al patio a que me diera un poco el aire.
Observe que papa había comprado una tumbona nueva, ya que la anterior se la comió nuestro perro Barceló, un pastor alemán de cinco meses.
Me eché a descansar un poco, y me quedé dormida.
Noté al despertarme que Barceló me estaba lamiendo la mano y al intentar levantarme me caí al suelo. Cuando pude abrir los ojos vi un medallón, un gran diamante transparente rodeado por unas serpientes de plata. En ese momento supe que ese era el medallón de mi abuela Clarise perdido por mi madre cuando ella era chica. Me hizo tanta ilusión haberlo encontrado que corrí hacia la puerta principal de la casa para mostrárselo a mi madre; pero no había nadie.
Al entrar por la puerta la casa estaba muy silenciosa, más de lo habitual, aunque estuviera en ella yo sola. Me di cuenta de que hacía un frío espantoso y me extrañó que mi madre se dejara apagada la calefacción. Había una pequeña nota en la puerta del frigorífico, junto a todas las fotos de mis antiguos compañeros del Instituto.
“Sami, tu padre se ha ido al Gimnasio con Mario, yo voy a llevar a Azahar al cumpleaños de su compañera, y después iré de compras con Bárbara, te buscaré ese vestido que tanto te gusta. Te quiero, besos tu madre.”
Supe que no iban a volver hasta muy tarde, y como me aburría llamé a Ángela, pero recordé que estaba en una fiesta con su prima y su primo, Sue y Clarck. Me volví a mi habitación, recorriendo de nuevo el gran pasillo y aquel cuadro que tanto me atemorizaba y retomé el libro que había dejado antes a medias, pero en ese momento escuché la bicicleta del cartero Matthew, el hijo de un vecino nuestro. Volví a bajar las escaleras pero estaba tan distraída en ver a Matthew que no vi el último escalón de estas y me tropecé con la ropa sucia de Azahar. Cuando intente levantarme y sacudirme, encontré un sobre negro que llegó hasta mis pies casi por arte de magia. En él una puerta de color gris oscura, cerrada y alumbrando una mísera raya de luz por debajo.
¿Para qué querría yo un dibujo de una puerta cerrada? Pero cuando me puse a pensar en ello escuché los pasos de alguien, no me asomé, miré por debajo de la puerta y había una sombra negra.
En ese momento la manivela de la puerta comenzó a abrirse y  lo único que se me ocurrió fue correr hacia la casita del árbol que teníamos en el jardín. Me costó no pensar en la puerta de mi casa que estaba medio abierta y que alguien pudiera entrar. Me mantuve allí durante quince minutos hasta que no oí nada más lejos del canturreo de los pájaros.
Dejé el libro en el suelo y bajé despacio y con pequeños tropiezos las pequeñas escaleras de la casa del árbol. Me di cuenta de que era el gato del vecino de enfrente que había entrado, pero al darme la vuelta…un hombre alto, cubierto de sangre y con los ojos rojos como el fuego me dijo: “Él viene a por ti” y se abalanzó sobre mí con un cuchillo que reflejaba las luces de la cocina. Eché a correr por toda la casa y me escondí en la habitación de mi hermano pensando que el hombre se había ido. Oí pasos en el pasillo y luego comenzó a abrirse el cerrojo de la puerta, entró enfurecido por la habitación y se dirigió hacia mí en un paso lento. Con su mano derecha me dio un golpe en la cabeza y me desmayé…
Volví a abrir los ojos y me encontraba todavía en el patio de mi casa, tumbada en la tumbona y un poco aturdida, pero supe que todo aquello fue un sueño.
Miré al cielo y pude contemplar las estrellas perfectamente, me dolía la cabeza de aquella pesadilla y me sentía muy pesada. Eché un vistazo a la carretera y vi una luz que se acercaba por ella desde lejos, así que eché a correr hasta mi casa y cerré la puerta con llave; sentí el calor de mi familia al entrar.


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